Las elecciones pescaron a los políticos bolivianos en medio de la crisis de liderazgo más álgida de su historia. No se trata de la crisis de representación que se viene denunciando desde hacen 10 años, no se trata de partidos que han caído en el descrédito o de un sistema político republicano que el gobierno de Evo Morales desearía que esté tan desahuciado como la misma República, no.
Esta es una crisis de liderazgo mayor. Empezó en la Santa Cruz post 11 de septiembre de 2008, quemando en el fuelle de la verdad a cuanto caudillo de campanario se había alzado con ínfulas de "gobernador" en la media luna. Prefectos, cívicos y empresarios cruceños se aplazaron en la prueba de templanza; no dieron la talla en la báscula de la historia y Santa cruz se sumió en una crisis de liderazgo feroz.
Pero nada diferente pasa en La Paz. Carlos Mesa decidió que no hallaría el respaldo mínimo en la media luna para financiar la aventura de contarle de nuevo al país su novela titulada "La historia de Bolivia empieza de nuevo tras mi llegada" y se retiró.
Después de eso La Paz no tuvo más la capacidad de aglutinar a todos detrás de un liderazgo claro. Siete de los 15 "presidenciables" en carrera son de La Paz (el aymara Cárdenas, el cementero Doria Medina, el ignoto Maldonado, el imprevisible Paredes, el insufrible Mesa, la ególatra Costa y el instrascendente San Martín); cada uno se siente el delfín de occidente y entre todos no alcanzan el 30%.
No lograron - y no lograrán - ponerse de acuerdo en un sólo candidato (así lo demuestra el fracaso de la autorpoclamación convocada por Jimena Costa). Los egos son demasiado grandes, lo que puede darnos una idea de qué tan aguda es la crisis de liderazgo en la hoyada paceña.
Y en este conexto cae el tema del Silala. Es en medio de este caos político que Chile se anima a imponerle a Evo una "compensación" por el apoyo recibido de Bachelet desde Unasur y de Insulza desde la OEA. A cuenta de haberlo sostenido en el poder tras la invasión de Pando, Chile le exige a Evo pagarle con el Silala.
Evo accede, su entreguismo a sus financiadores de la izquierda continental no sorprende. Pero si aterra que la oposición se queda paralogizada entre el cálculo de sus perspectivas propias de cada candidato y el cálculo económico de la oposición congresal que está en la ecuación de lo que reduituará negociar con Evo la aprobación del bochornoso preacuerdo del Silala con Chile.
Las posturas de los candidatos son absurdamente "técnicas" y dolorosamente neutras. Cárdenas, Antelo, Mesa, Costas, Costa, Quiroga cada cual actúa a quien más tibio y calculador. Nadie quiere que el capital mapocho empiece a trabajar en inviabilizar su candidatura; la patria, el patrimonio nacional y la soberanía un carajo¡¡ aquí al que hable contra Chile se le cae la candidatura, así que hay que callarse.
Ni siquiera por que es Alcalde de Potosí, a René Joaquino le nace decir algo en defensa de ese jirón patrio. La apuesta es alta y nadie quiere joderse jodiendo a Chile.
El ministro chileno Sergio Bitar tiene el descaro de decirnos que el famoso "preacuerdo suscinto a consultas y refrenda congresal", tiene calidad de cosa juzgada; que ya es un acuerdo formal entre Bolivia y Chile y que si no nos gusta vayamos a quejarnos a tribunales internacionales.
Una voz, una sola, minimizada por el aparato mediático de los candidatos de la derecha empresarial, pero firme, denuncia el atropello y le pone el cascabel al gato: es Reyes Villa.
El ex prefecto cochabambino grita enérgico y firme desde Sucre que se está negociando la deuda histórica de Chile con Bolivia a cambio de que Bachelet respalde otros dos años al gobierno de la ineptitud de Morales.
Manfred dice que ese acuerdo es una aceptación tácita de la propiedad compartida entre ambos países y que en cuatro años, cuando el mentado estudio esté acabado, también lo estarán las aguas del manatial boliviano.
Manfred lo dice, fuerte y claro, aunque sólo Gigavisión, El Potosí y La Patria quieran escucharlo. El resto, las redes televisivas y los periódicos grandes, prefieren agrandar la paja; optan por ayudar al gobierno a evadirse del Silala y priorizan en sus agendas y portadas temas subsidiarios como el lío deliberadamente generado en Santa Cruz con la imposición de la Whipala o la gresca armada por las bravuconerías de García Linera en Sucre.
Todo sirve cuando se trata de desviar la atención del espectador del tema Silala, incluso vale pelearse con Perú por que su Miss viste traje de la diablada, cuando en el festival de La Tirana los chilenos nos usurpan la diablada desde hace 30 años.
Pero Manfred está ahí. Planteando una posición política sobre el Silala y no las pajas "técnicas" que con diplomacia de alcahuetes deslizan el resto de los candidatos. Parece que a él no le importa o no le preocupa que Chile lo vete como candidato. No es raro, ya le valió madres que el revocatorio se hiciera, en tanto él había decidido que no lo valaría, así le costar el cargo de prefecto.
Al menos uno ha decidido ser boliviano antes que ser presidenciable. El resto están mudos, silenciados por el cálculo político de siempre.









