En Zurich no bailan al son de “Evo presidente”

Por: Juan José Ayaviri Vásquez[1]

Bolivia no sentiría tanto la derrota en la defensa de las sedes deportivas en la altura de no haberse inflado tanto la expectativa en el resultado de las gestiones de un Evo Morales que no reparó en las consecuencias negativas de su irrupción en el mundo del fútbol, sino en los réditos personales para sus megalómanas aspiraciones.
El marketing inflado del líder indígena que puede desafiar y doblegar aun a la malvada y poderosa FIFA sirve para impresionar a la audiencia boliviana, cautiva de las radios y el canal estatal, pero no para persuadir a la primera instancia del fútbol mundial de ceder al pedido de un político en campaña.
El presidente Morales hizo de la altura el pendón de su campaña internacional al premio Nóbel de la Paz, complicando (politizando) un tema que pudo ser resuelto favorablemente para el país en el ámbito del deporte y la medicina deportiva, cual hizo en su momento el ex presidente Carlos Mesa.
Pero Evo creyó que bastaba su postulación al Nóbel para impresionar a un Joseph Blatter que, palabras más palabras menos, le dijo al presidente que hiciera campaña con otra cosa.
Su sola presencia – queda demostrado – predispuso e incidió negativamente en el resultado final de esta saga. Esto se puede deducir de la respuesta de la FIFA a la solicitud del Presidente de participar en la reunión de su Comité Ejecutivo en Zurich.
Mezclar fútbol y política fue una trasgresión al credo de la FIFA que Zurich le recriminó duramente a Nicolás Leoz.
El fútbol repudia la inferencia política en su ámbito; lo demuestra la reunión de la CONMEBOL en Asunción, donde en apariencia todos los países sudamericanos apoyaron la demanda de Bolivia. Sin embargo, a la luz de los resultados, vemos que la respuesta de los representantes de los países sudamericanos fue una salida política forzada por la presión que ejercía la presencia de Evo Morales.
Necesitamos reencausar nuestra demanda hacia el derrotero de los argumentos científicos y académicos, a través de los organismos colegiados ligados a la práctica del fútbol, para quienes el Gobierno debe ser un respaldo, no pretender más ser el protagonista central.
Este salobre capítulo deja al descubierto que el Estado ha invertido muy poco en mejorar y ampliar su infraestructura deportiva de competencia. La defensa de la práctica del deporte “en cualquier lugar del mundo” es una posición de principio loable, pero la necesidad práctica de los deportistas nacionales debe llevar al gobierno a plantear soluciones acordes a la realidad.
No es necesario agudizar las diferencias regionales con el discursito de “los paceños nos quedaremos sin fútbol”. La ciudad de La Paz ha crecido tanto hacia los valles la zona sud que hoy la mitad de su población y su infraestructura urbana yacen por debajo de los 3000 metros sobre el nivel del mar y garantizar la práctica del fútbol a los niños.
Es malo cuando nos creemos nuestra propia propaganda; y hoy hemos constatado que quizás el tinku “Evo, Evo presidente” lo bailemos todos los bolivianos, pero en Zurich, ni siquiera conocen el ritmo.

[1] Es sociólogo y periodista deportivo.
C.I. 5157293 Cba.

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